sábado, 28 de enero de 2012

3.

Se trataba de mi hermano, D, amigo de C, y de B (y no me refiero a ningún tipo de hepatitis, ni tampoco quiero recordar a las siglas de Club de Baloncesto, pero prefiero que sus nombres queden en anonimato). Resulta que mi hermano Damián (ahora prefiero que su nombre deje el anonimato, sí, ¿qué ocurre?) y yo habíamos quedado en ir al monte al día siguiente, a pasar el día disfrutando de la naturaleza y su poesía, pero el plan se torció cuando Damián me desveló la realidad del día que me deparaba. Estaba lloviendo, apenas se veía a causa del ofusco cielo negro que impedía entrar casi cualquier resquicio de luz solar, por lo que... como que habría que dejar para otro día lo de la naturaleza, y tendríamos que continuar con la rutina papalagi un día más.

El día fue desastroso, un rayo dejó sin luz al pueblo entero, y la cobertura no iba mejor... no supe nada de B en todo el día, y por la noche no pude dormir... pensaba todo el tiempo en el sueño de la noche anterior, y en B... no dejaba de darle vueltas, pero a pesar de ello no se mareaban las ideas. Padecí insomnio, y mis ojos divisaron el portátil... claro... el portátil, ¿Por qué no intentarlo? Lo encendí, con 89% de batería, bien, y la señal de internet... no había, vaya... ¡Un momento!, ¡tengo un USB módem! ¡Genial, no sé cómo he estado todo el día incomunicada con esta opción!

Bueno... a ver... anda, si está B, veamos qué tal ha estado hoy:

A- Buenas B, ¿Qué hay?

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