lunes, 28 de noviembre de 2011

Rutina.

Una mañana cualquiera, un día cualquiera. Miras el reloj. Otra vez se te hizo tarde. Actúas como un canguro en apuros y de un salto logras incorporarte. Ni un minuto más en la cama porque sino una de dos: o llegas tarde y te sometes al interrogatorio del profesor o llegas “tó roja” y “tó acelerá” pareciendo que acabas de salir de la clase de E.F. Así que te vistes como puedes, con los ojos entreabiertos aún por el sueño -ya te imaginarás los resultados, la camiseta al revés o algo por el estilo y vuelta a empezar, por lo que te sale más rentable no hacer lo que yo-.

Te preparas el vaso de leche de la misma manera, aguantando el peso del cuerpo inerte aún sedado. Total, que entre pitos y flautas oyes el timbre del instituto desde tu casa, coges la mochila y te piras directa al salón más conocido del vecindario, el instituto. Alzas la mirada al frente y puedes comprobar los cuerpos andantes carentes de sentido, máquinas dispuestas a hacer su rutina diaria.

Estamos llenos de obligaciones, sí, a más no poder. Cuando madrugas, cuando vas “pa llá”, cuando vienes “pa cá”, cuando miras la agenda y la palabra  Deberes significa “Debesbeber” para soportar esto. Incluso cuando vas a pegarle un “bocao” al bocadillo del recreo, una obligación se cuela y te la tragas, y encima se te atraganta y mínimo hasta que no pasa la mañana no vuelve a su lugar de origen.

Señores, la vida es algo más que simples obligaciones. Aprovechemos las oportunidades que se nos presentan para dejar esas obligaciones a un lado y hacer chistecillos con ellas, buscarles las mañas y hacerlas sentir un poquito mal. ¿De qué nos sirve estar preocupados por nuestra rutina? Si al final es la que sale ganando todas las mañanas a las 8:15. Por eso, tomémosla como algo diferente y fácil de digerir y no como algo prominente en nuestras vidas

domingo, 27 de noviembre de 2011

Recortes poéticos en forma de reflexión.

"Fogosa furia innata inadvertida antes por mí,
te haré dos favores, si comprendes mi palabra.
Frío facuo e inmaculado adquirido antes por mí,
el paso del tiempo me ha afectado, me lastra.

Pensar es ser, ser es tener. 
Aun cuando creas nada valer,
la posesión íntima es tu más valioso poder.
Háztelo mirar, pues tu valer es "mucho" grande."